Alberto y Lacalle Pou: asado, foto y una agenda que aún hay que armar

POLÍTICA Por Rubén Rabanal*
Viaje sin aviso que se organizó con Bustillo en Bolivia. Relaciones personales que quedaron tapadas por estrategias opuestas. Vigilancia K.
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No fue una visita de Estado y mucho menos atada a protocolo alguno: Alberto Fernández y Luis Lacalle Pou se reunieron, intentaron que fuera casi en secreto, en la estancia Anchorena cerca de Colonia, el primer encuentro desde que fueron electos presidentes. El objetivo era intentar terminar con el ambiente incómodo que existe entre ambos, que no sólo piensan distinto, sino que militan decisiones y acciones opuestas en casi todos los sentidos, desde la forma de enfrentar la pandemia hasta la economía. Pero Lacalle Pou es el presidente de Uruguay y es imposible pensar, sea quien sea el habitante de la Casa Rosada, que no vayan a existir relaciones lo más normales posibles. Hasta Néstor Kirchner en medio del delirio que fue la guerra de las pasteras hacía gestos cada tanto para que el incendio no terminara en algún punto de no retorno.

Esta vez la cuestión no llegaba a esos extremos pero había gestos pendientes entre ambos presidentes: Alberto F. no había estado presente en la asunción presidencial de Lacalle y el uruguayo había sido visto desde Buenos Aires con bastante aridez sobre todo por sus estrategias de captar inversores argentinos que buscan la residencia en Uruguay y por sus decisiones sobre la pandemia. Desde el kirchnerismo extremo esos movimientos siempre fueron seguidos de cerca.

El encuentro comenzó a tomar forma durante el viaje de Alberto Fernández a Bolivia. Allí Francisco Bustillo, canciller uruguayo, se hizo cargo de las conversaciones. Bustillo y Alberto F. tienen una relación que va más allá de las formalidades: cuando el argentino viajó a España durante el inicio de la campaña, se alojó en la casa del uruguayo que en ese momento ocupaba la embajada en ese país. De ahí que el Gobierno se tomara el trabajo de explicar , ante la ausencia de Felipe Solá de la foto, que la organización no había pasado por Cancillería, sino por cuestiones de proximidad personal,

El miércoles a la noche todo estaba listo. Alberto F. le pidió a Juan Pablo Biondi que lo acompañara. Solo restaba esperar cumplir una formalidad: que el último hisopado presidencial diera negativo para que Alberto y todo s los funcionarios que estaban en aislamiento (incluido Biondi) quedaran liberados.

Fue en ese momento que se subieron al helicóptero presidencial y cruzaron el río hasta la estancia Anchorena. Ese tipo de viajes entre presidentes de las dos orillas no es ninguna novedad. Muchos recuerdan las visitas de Tabaré Vázquez a Néstor Kirchner: el uruguayo aterrizaba con su helicóptero directamente adentro de la Residencia de Olivos y en muchas ocasiones solo ellos se enteraban de la visita.

Este jueves, del otro lado del Río de la Plata, Lacalle Pou lo estaba esperando con un asado que preparó él mismo, picada previa y flan casero.

Fueron tres horas de charla sobre temas de todos los colores pero sin definiciones precisas. El objetivo del viaje no involucraba anuncio alguno, la idea fue dar señales de cercanía e intimidad en la relación, en medio de la frialdad que se mostraba hasta ahora.

“Fue una muy buena reunión. Pudimos hablar distendidos sobre los problemas de la región en general y de Argentina y Uruguay en particular”, dijo a la tarde formalmente Alberto Fernández. Algo parecido decía el comunicado oficial de la presidencia uruguaya.

Cuando terminó esa larga sobremesa con vino, tras el asado, Lacalle Pou acompaño a los dos argentinos hasta el helicóptero, se subió y continuó allí la charla hasta mas tarde.

Tras la ruptura del hielo ahora las Cancillerías deberán cubrir las formas y armar un agenda bilateral que aun no esta clara.

* Para www.ambito.com

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