"Macri no es consciente de que es piantavotos y le puso un cepo a la oposición", afirma experto en campañas

POLÍTICA 03 de agosto de 2021 Por Fernando Gutiérrez*
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Diego Dillenberger es uno de los profesionales más escuchados en materia de comunicación política. Desde su programa "La Hora de Maquiavelo" realiza sondeos y análisis sobre las estrategias de campaña, y suele anticipar los errores de comunicación que luego se pagarán en las urnas.

En esta charla con iProfesional, explica por qué el peronismo acierta al tratar de "macrizar" la campaña y cuáles son los riesgos que acechan a la oposición, que no ha logrado articular el discurso adecuado.

-El oficialismo parece preocupado por la ausencia de Mauricio Macri de la campaña, algo que queda en evidencia porque los funcionarios y los candidatos lo mencionan todo el tiempo. ¿Es buena esa estrategia?

-Es obvio que lo que quiere Cristina Kirchner es la vuelta de Macri. Porque es el lastre que tiene la oposición.

Para el gobierno es un problema que Macri no sea candidato, más allá de que podría meterse en algunas internas provinciales, como Córdoba. Y la estrategia del gobierno de tratar de traer a Macri al centro de la escena es la correcta desde su perspectiva. Porque no tiene mucha gestión para mostrar, algo que se ve en el "leit motiv" de la campaña, el que dice "hicimos cosas y sabemos que falta mucho por hacer".

Tienen dos justificativos muy potentes, uno es la pandemia, más allá de que la oposición podría mostrar que fue grave porque fue mal manejada. Y el otro es que somos herederos de lo que dejó Macri. Entonces es lógico que lo quieran mostrar a Macri por todos lados.

-Pero, a diferencia de lo que ocurría en la legislativa de 2017, cuando Cristina fue candidata y estaba obligada a defender su gestión, ahora Macri está ausente. ¿Eso no debilita la estrategia oficial?

-Es cierto que dificulta un poco el debate, porque se podría decir que criticar a Macri sin que esté Macri es como pegarle un "puñetazo a la espuma". Pero acá lo interesante es la actitud de la oposición, porque nadie, hasta ahora, se animó a "matarlo" y tomar distancia de la gestión macrista.

Y hay que ver en qué medida la oposición está en condiciones realmente de esconder a Macri. Porque en realidad la suerte de la oposición depende de algo que todavía no ha hecho, y que  le permitiría independizarse de Macri y taparle la boca al gobierno, y es explicar qué aprendió la oposición sobre el fracaso de la gestión macrista. Hay algún atisbo de eso, un poco lo está haciendo Martín Tetaz, hay que ver si Diego Santilli en la provincia lo puede hacer.

-¿Entonces se puede decir que la estrategia de Rodríguez Larreta al privilegiar a los candidatos "light" y bajar a "halcones" como Patricia Bullrich fue inteligente?

-Diría que la estrategia de Rodríguez Larreta no tenía tanto la intención de esconder a los halcones, sino más bien de doblegarlos en la interna. Pero ahora hay que ver cómo hace Rodríguez Larreta para esconderlo a Macri. Y yo tengo mis dudas. Porque yo creo que Macri va a volver y se va a meter en la campaña. Entonces el éxito de ese sector más centrista de la oposición no solamente va a ser ganar la interna bonaerense con Santilli, que ya es un desafío importante, sino después cómo va a hacer en noviembre para esconder a Macri y a la vez tener un discurso que simbólicamente lo mate.

-Por lo pronto, el hecho de haber "desmacrizado" las listas de candidatos ya es una señal…

-Pero hay que ver en qué medida se van a animar a romper con Macri desde lo discursivo. No lo están haciendo ahora. Y me da la sensación de que Macri le puso un "cepo" a la oposición para hacer autocrítica de su gestión.

Entonces le cuesta presentarse como una opción que, en caso de ser gobierno a partir de 2023, pueda generar nuevas expectativas. Sería la única forma de contrarrestar lo que está pasando en estos días, en que Axel Kicillof repite 20 veces Macri en cada entrevista. Está claro que lo que buscan es traerlo a la pelea y decirle al electorado: "si votan a Juntos por el Cambio votan a Macri".

Hay que recordar que, por más que estas sean legislativas, nadie vota pensando en la conformación del Congreso sino en quién le puede resolver su problema económico. Todas las  encuestas dan, como primera preocupación, la inflación, el desempleo, la falta de expectativas. Y después viene la inseguridad y después la pandemia. Entonces si la oposición no tiene un discurso muy claro de que vas a hacer las cosas diferentes y que aprendió de su propio fracaso, le va a resultar más fácil al kirchnerismo decir "nosotros no anduvimos bien pero la oposición no sirve".

-¿Macri, en este momento, se ve a sí mismo como "piantavotos" o, por el contrario, cree que la campaña opositora necesita que él se meta en el debate?

-Intuyo que Macri no es consciente de que es un piantavotos. Él claramente se creyó lo del 41% de los votos de 2019, nunca entendió que la mitad de ese 41% lo votó con bronca, lo votó porque no tenía dónde ir, porque estaba más preocupado por el regreso del kirchnerismo pero que, en realidad, no son votos de él. Sí es cierto que tiene un núcleo duro, de un 20% que lo quiere, entonces él se siente injustamente ninguneado. Y creo que va a actuar en la campaña. Hay algunos candidatos que se identifican con él y va a querer capitalizar algunos triunfos. Dependerá de cómo se negocie.

Por otro lado, el oficialismo va a hacer lo posible por subirlo al ring, armarle causas, exactamente lo mismo que antes hizo Macri con Cristina. Y a Macri le fracasó, porque la preocupación número uno de los argentinos es la economía. Y es probable que, si no baja la inflación y no hay una recuperación clara de aquí a noviembre, tampoco le funcione muy bien al oficialismo. Porque la gente dice "está bien, Macri hizo un mal gobierno, pero yo estoy preocupado por mi hijo, no tengo trabajo".

-Y, según tu punto de vista, ¿la oposición no va a poder capitalizar esa debilidad del Gobierno?

-Hay que ver qué hace para demostrar que hizo un aprendizaje del fracaso de Macri y que entienda que acá se juega lo económico.

Además, hay otro tema que se suele minimizar pero es importante, y es el tono de la campaña. Se necesita un tono que empatice con la opinión pública, que está muy deprimida. Cuando ves la pregunta que hacen todos los encuestadores, cómo va a estar el país dentro de un año, todos marcan una mayoría que dice peor o igual. Apenas un 15% dicen que va a estar mejor. Entonces si a esa población deprimida vos le das bailecitos y globitos, no vas a empatizar con ellos, te van a ver como un frívolo. Y algo de eso está habiendo en la oposición.

Ese tema de tono es algo que a la gente que viene del Pro le cuesta mucho, porque ellos venían con una filosofía que podríamos llamar de Durán Barba, que es más de los globitos. Y hay que ver en qué medida el equipo de comunicación se puede sacar de encima muchos preceptos "duranbarbianos", que se sintetiza en "nada de propuestas complejas, nada de algo que pueda ser tildadas de ajuste por alguien, y presentarse como una especie de voto fiesta". Pero no estamos en una fiesta, estamos en un velorio.

Entonces lo que tiene que hacer la oposición es olvidarse de que esto es una legislativa y decirle a la gente: "ayudanos, porque en 2023 podemos volver a ser gobierno con un aprendizaje".

-¿Le falta un discurso análogo al "vamos a volver mejores" del kirchnerismo?

-Exactamente. No elaboró a ese discurso, y en parte es por causa del propio Macri. Él presentó su libro a principio de año y tiró un mensaje del tipo "yo la autocrítica que acepto es hasta acá". Y es muy poquita; es nada, más bien es una colección de justificaciones y pases de facturas. Entonces Macri le puso un techo a la autocrítica.

La oposición tendría que empezar a separarse claramente del pasado de Macri y decir "bueno, si Macri no aprendió, nosotros sí. Y no nos sigan hablando de Macri porque nosotros no somos eso, aprendimos qué hay que hacer, tenemos un diagnóstico correcto que no tenía Mauricio".

No es que ellos no tengan claro este tema. Tanto Rodríguez Larreta como Vidal se dieron cuenta de que con la grieta se puede ganar una elección, pero después no se puede gobernar. Además, las encuestas muestran un cansancio de la gente con la grieta, que lleva a un rechazo hacia la política, y eso se puede traducir en una desmovilización que haga que vote menos gente, lo cual perjudica a la oposición.

La verdad es que a la oposición le cuesta mucho elaborar su discurso. No alcanza con decir que este gobierno tiene alta inflación, porque le van a contestar que Macri también la tenía. Ellos necesitan dar su visión de país pero convencer que saben cómo hacerlo. Y eso implica reconocer que Macri no supo. Si hicieran eso, entonces cuando les contesten "ah, pero Macri" podrían decir "Macri ya no está, ya fracasó". Y eso es algo que no se están animando a hacer.

-Volvamos a la estrategia oficialista. En los tiempos de Cristina Kirchner, se decía que la inflación le resultaba funcional, porque se producía una "fuga al consumo" que la beneficiaba electoralmente. ¿Eso puede volver a ocurrir?

-En realidad, esa estrategia a Cristina le salió bien algunas veces y mal en otras. Le dio resultado en 2011, porque había un crecimiento inercial, que era rebote de la caída de 2009. Y en ese momento fogonear con emisión de billetes le salió bien. Pero después se les escapó y tuvieron que poner el cepo.

Pero en las legislativas de 2013 perdieron y en 2015, por más que Scioli acortó distancias al final, el resultado no estuvo acorde a sus expectativas.

De todas formas, aunque lo quieran repetir, ese recurso de fogonear con inyección de dinero y gasto público ya no va a ser tan efectivo. Porque ya la gente tomó la gimnasia y sabe que la ayuda de pesos de hoy termina mal. Por eso las expectativas que muestran las encuestas son muy bajas.

Más bien, diría que ponerle plata a la gente en este momento va a derivar en más demanda por el dólar, antes que en un mayor consumo. Porque cuando ves una opinión pública tan depresiva no hay disposición a gastar. Si yo soy empleado público y me aumentan, sé que no me van a echar entonces consumo. Pero si estoy en el sector privado no me queda tan claro, porque no estoy tan confiado en mi puesto de trabajo. Y si soy un informal ni hablar. Entonces la plata que me dan digo, "por las dudas compremos dólares, no sea cosa que tengamos que salir corriendo".

Entonces el resultado de su estrategia va a ser acotado. Los empleados públicos son cuatro millones, es importante, pero es algo minoritario.

-Pero en el sector de ingresos más bajos, las zonas pobres del conurbano, ¿la mejora en los ingresos no hará que el kirchnerismo recupere parte del apoyo perdido?

-Sí, algo de ese ya está pasando. Se ve un pequeño repunte en las encuestas por la plata que se está inyectando y por las revisiones de paritarias. Pero ojo, que ese repunte puede ser del quinto al cuarto subsuelo. Y para ganar una elección hay que llegar a la planta baja. Y no veo las expectativas económicas mejorando a tal punto.

-En cuanto a la campaña vacunatoria, se ha visto que su impacto en la opinión pública ha sido cambiante, por momentos fue negativa para el Gobierno y luego cambio. Al final, ¿le jugará a favor o en contra?

-Les va a jugar a favor. Y ellos lo saben. Ahora tienen seis millones de vacunas en la heladera y es evidente que lo que están haciendo es tratar de estirarlo hasta que lleguen las elecciones, llegar con stock para mostrar en el tramo final una vacunación masiva, con récords, seguramente vamos a escuchar hoy vacunamos a 50 mil personas.

Por eso vino el decreto que destrabó la entrada de vacunas de Estados Unidos. Alberto se dio cuenta de que a la gente no le interesa de dónde viene la vacuna en tanto que la deje protegida. Ante temas de salud, se acabó la ideología. Y le ganó la discusión interna a Cristina, porque se hizo evidente que Putin no iba a cumplir su promesa y el peronismo iba a sufrir una debacle electoral.

Acá hay un dato importante: la generación Z, los más chicos, incluye a pibes de 16 y 17, un padrón a esta altura de un millón y medio de votos, de los cuales un 30% suele ir a votar. Son pibes que votaban al kirchnerismo, era su mejor público. Pero las encuestas hoy marcan que esos pibes odian al Gobierno, porque se enteran que podrían estar vacunados pero no hay vacunas para ellos. Y están teniendo una adolescencia triste, encerrados, sin colegio ni reuniones.

Entonces recién ahí permitieron la entrada de Moderna y ahora Pfizer. Todo esto es como el teorema de Baglini, aplicado a las vacunas. Cuanto más cerca están las elecciones, menos importa el origen de las vacunas.

* Para www.iprofesional.com

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