Carolina Losada: "A Cristina los senadores propios le tienen terror. Pánico. Tiemblan"

POLÍTICA 17 de julio de 2022 Por Agencia de Noticias del Interior
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Habituada a su rol de senadora, Carolina Losada se mueve con naturalidad por el despacho que heredó de Carlos Reutemann, tres pisos arriba de las oficinas de la vicepresidenta Cristina Kirchner, con quien nunca intercambió ni una palabra. Si bien no se niega al diálogo con el kirchnerismo, la periodista asegura que los separa una “grieta moral”.

En una entrevista con este medio, la vicepresidenta de la Cámara alta confiesa que en política hay “más egos que en televisión”. Afirma que no tiene un único referente, defiende las Paso dentro de Juntos por el Cambio y lamenta que “Alberto (Fernández) se arrodilla ante Cristina de una forma patética”.

–La mencionan como posible candidata a gobernadora de Santa Fe o incluso a vicepresidenta de la Nación. ¿Se ve en alguno de esos lugares?

–Falta mucho. Desde mi lugar hoy sería irresponsable hablar de candidaturas. No estoy de acuerdo con que se hable de candidaturas con tanta anticipación. Tenemos que hablar de proyectos de país, explicarle a la gente nuestros objetivos y cuánto esfuerzo tendremos que hacer para llegar a ellos, porque a los argentinos nos han mentido muchísimo. Estoy convencida de que en 2023 Juntos por el Cambio va a ganar las elecciones a nivel nacional y en mi provincia, pero vamos a ganar por el proyecto de país que tengamos.

 
–¿Quién es su referente a nivel nacional?

–Voy tomando muchas referencias de diferentes dirigentes políticos, pero no tengo un referente con el que me identifique todo lo que diga. Escucho a todos. De Mendoza escucho mucho a Ernesto Sanz, que fue uno de los creadores de Juntos por el Cambio. También a Horacio Rodríguez Larreta, a Mauricio Macri como un expresidente que terminó su mandato, a Facundo Manes como un emergente de la política. En el Congreso hablo mucho con Luis Naidenoff, que desde el principio me ayudó un montón, y con Luis Juez. También escucho a Jesús Rodríguez y hablo mucho con economistas como Alfonso Prat Gay, Ricardo López Murphy y Luciano Laspina, que fue mi compañero de colegio.

–¿Imagina unas Paso dentro de Juntos por el Cambio?

 
–Yo siempre estoy a favor de las Paso. Si no fuera por las Paso, yo no hubiera entrado a la política. En Santa Fe Juntos por el Cambio presentó cuatro listas y la nuestra era la única que no era apoyada por ningún dirigente a nivel nacional. Nadie nos señaló con el dedo y dijo “son ellos”: fue la gente. Las Paso siempre dan oportunidades a gente que viene de afuera de la política y le dan la oportunidad a la gente de ser quien elige. Ojalá haya Paso, pero no me imagino una con un millón de candidatos. Tenemos que ponernos de acuerdo entre todos.

–¿Con qué se encontró al entrar en política?

 
–Me sorprendieron los egos. Son más que en televisión, y estoy hablando de mucho. Yo vengo de la televisión y hay un ego importante, pero en política es todavía mayor. Hay que dejar los egos y los proyectos personales de lado, porque lo que tiene que importarnos a todos es el país.

–¿Se sintió subestimada por ser una outsider?

–Muchísimo, pero no por mí, sino por los otros, y es lo mejor que me pudo haber pasado. Que no te vean venir es lo mejor que te puede pasar. Cuando me vieron venir, empezaron a hacerme la contra en muchas cosas, pero por suerte la gente no escuchó lo que decían y nos eligió, que es lo importante.

 
–En el Senado, el oficialismo viene aprobando todos sus proyectos con aliados. La oposición no tiene demasiado margen de acción…

–Hoy lamentablemente los números no nos dan para imponer nuestros proyectos. El oficialismo no quiere debatir ningún proyecto que no sea de ellos. Lo que estamos logrando es frenar el proyecto kirchnerista. Hace unas semanas querían tratar la ampliación de la Corte Suprema y no pudieron porque no tenían los números. Lo que hacemos es frenar el proyecto kirchnerista y también levantar la voz para alertar a la gente sobre lo que están haciendo. Y también nos empezamos a preparar para lo que viene. Hoy las cuatro fundaciones de los partidos políticos que integran la coalición están trabajando en el proyecto de país, alrededor de los temas más importantes.

–¿Se sentaría a dialogar con el kirchnerismo sobre esos grandes temas?

–Yo intenté hablar con el kirchnerismo por uno de los proyectos que presenté sobre “infancias protegidas”, para equiparar las penas que recibe un adulto que corrompe a un niño con fines delictivos a las penas que recibe un adulto por corromper a un niño con fines sexuales. Proteger la infancia debería ser transversal a cualquier partido político. En Santa Fe, las bandas de narcotraficantes ya están tomando a niños de seis, siete años. Traté de hablarlo con varios kirchneristas pero me dicen que ellos tienen un problema con el tema de aumentar las penas. El intento de hablar y de buscar consensos siempre hay que hacerlo, lo que pasa es que con el kirchnerismo las diferencias son morales. Hay una grieta moral que es muy difícil de superar. Cuando vos le decís a la gente que la querés ayudar, pero en realidad estás haciendo todo lo posible para empobrecerlos más y que dependan infinitamente del Estado para poder dominarlos y tenerlos como esclavos, hay una grieta moral. Que les mientan en la cara de esa manera es imposible de negociar.

EL DIÁLOGO CON CRISTINA KIRCHNER
–Como vicepresidenta del Senado, ¿habló alguna vez con Cristina?

–No, nunca. Solamente intercambiamos miradas en el momento de mi jura como senadora nacional y como vicepresidenta del Senado, y hace poco en una sesión no estaba (Claudia) Ledesma Abdala (presidenta provisional) y me hizo señas para que la reemplace. Pero no tendría problema en hablar. Sí he hablado con la secretaria administrativa (María Luz Alonso) y con el secretario parlamentario, (Marcelo) Fuentes, que cuando presido las sesiones me asiste correctamente. Mi forma de presidir es completamente diferente (a la de Cristina): yo le sonrío a la gente, sé los nombres, los senadores no me tienen miedo…

–¿Dice que los senadores le tienen miedo a Cristina?

–A Cristina los senadores propios le tienen terror. Pánico. Tiemblan. Ella tiene esa forma de ejercer el poder ninguneando y denostando a su gente. Nosotros no le tenemos miedo, ni un poco. Pero ellos sí. A los que más denosta es a los propios. Yo trato de que respeten los acuerdos que hacemos en Labor Parlamentaria y hasta dejo que lean. Cristina no.

–¿Cómo ve la presión social sobre el Gobierno por mayores ingresos?

–Es el kirchnerismo contra el kirchnerismo. Me gustaría saber contra quién creen que marchan, porque la realidad es que hoy gobierna el kirchnerismo. La vicepresidenta es quien gobierna el país. Yo veo un presidente que está tirado en el piso, entregado totalmente, y que lo patean de todos lados. Y quienes lo patean son los propios: es la vicepresidenta, es La Cámpora, es (Juan) Grabois. Que se hagan cargo de que este es un gobierno kirchnerista. Cristina es quien está llevando las riendas y ella es quien puso a Alberto Fernández. No considero a Alberto una víctima; fue quien más criticaba a Cristina, quien la llamó “instigadora” del pacto con Irán, quien dijo que no podía rescatar nada bueno de sus gestiones, y después aceptó ser su candidato a presidente. Hoy directamente se arrodilla ante Cristina de una forma bastante patética. Me da pena ver ese papel tan triste, por una cuestión de respeto a la investidura, por ser republicana y por respetar a las instituciones.

–¿Cómo puede terminar esta crisis?

–Deseo que este gobierno termine su mandato en 2023 como tiene que ser. Pero este gobierno no tiene más credibilidad. Cuando (Silvina) Batakis hizo los anuncios, el kirchnerismo no salió a bancarla. Grabois dijo que a ella le gustaba más el salario universal cuando no era ministra que siendo ministra. Es que lo que dijo Batakis tiene un atisbo de racionalidad, no hay nada más lógico que gastar la misma plata que te entra. Pero desde el kirchnerismo no la van a dejar que lleve adelante lo que dice. Tienen la suerte de que del otro lado está Juntos por el Cambio, y que a nosotros sí nos importa la Argentina.

Fuente: La Voz del Interior, sobre una nota de Carolina Ramos

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