¿Podrán desactivar la hiperinflación antes que estalle?

OPINIÓN 28 de mayo de 2022 Por Enrique BLASCO GARMA
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En las hiperinflaciones de 1989 y 1990 los precios se multiplicaron hasta por más de 30 veces en el primer año, por el exceso de emisión y la violenta caída de la demanda de dinero al cerrar el acceso a la compra de dólares al BCRA.

Los cepos cambiarios ratifican que la emisión de pesos ha sido tan desbordada que el Banco Central no tiene todos los dólares que la población demanda, en forma directa para ahorro o para el pago de importaciones y compromisos financieros con el resto del mundo. Un verdadero desfalco. El BCRA admite que no tiene cómo responder a sus obligaciones. La responsabilidad de una moneda de curso legal es que esté disponible para todas las transacciones deseadas por la población.

Cabe notar que no estallará la hiperinflación mientras la población acepte precios desiguales para el peso, y tolere brechas cambiarias elevadas, aunque eso provoque pérdidas de bienestar, porque los precios no son los competitivos, si no los que resultan de decisiones burocráticas.

Nuestros dirigentes políticos corrompen las reglas para favorecer a allegados y por arrogante ineptitud, con la complicidad de ideólogos y lobistas, sin advertir que, al abandonar la disciplina macroeconómica y monetaria, la puja inflacionaria y la corrupción de valores desiguales recorta el goce de las actividades productivas y afectas los presupuestos.

Más aún. El art. 75 de la Constitución nacional establece que corresponde al Congreso, inciso 11, “fijar el valor de la moneda y el de las extranjeras”. En ninguna parte está previsto que el Poder Ejecutivo de racionar el uso del dinero de curso legal.

En agudo contraste con nuestras desviaciones, las democracias avanzadas incorporan las ventajas de las libertades y reglas estables iguales para todos, desarrolladas en el libro “Por un País más Justo y Floreciente”. Que la gente pueda comerciar, comprar y vender divisas libremente, confirmando que la cantidad de moneda en circulación sea la demandada y los precios acordados en competencia. La enseñanza de las culturas exitosas es que la confianza en la disciplina de reglas estables ordena y enriquece a las sociedades.

Con cada financiamiento al Tesoro y compra de divisas, BCRA entrega pesos, incrementando la abundancia de dinero, y generando un punto de fuga: la hiperinflación amenaza a medida que restringen las actividades los que ofrecen bienes y activos a cambio de pesos. También se crea un punto crítico cuando la entidad monetaria suspende la venta de dólares.

Llamativa coincidencia

Previo a la hiperinflación, en 1988, el país sufrió la peor crisis energética de la historia. Una combinación de desperfectos en las centrales nucleares, más una sequía que afectó a las represas hidroeléctricas y un incendio en una red desde El Chocón, causaron infinidad de interrupciones de servicio, y afectaron a las actividades industriales.

El malestar en la población aumentó por los cortes masivos de la energía eléctrica durante más de cuatro meses. Ahora, se asiste a una grave escasez energética, que desnuda la ausencia de programas e infraestructura, consecuencia de la concentración de las decisiones en el Estado.

El acuerdo con FMI anticipa la aceleración de la devaluación oficial y la suba de las tarifas de los servicios públicos. Mientras el mayor riesgo país hace menos deseables los bonos del Estado, complicando la absorción de la emisión monetaria.

El gas y la electricidad han subido y subirán aún más fuerte para empresas; y provocarán aumentos de los costos de producción que presionarán al alza del índice general de precios, y también de los salarios.

La suma de estos efectos suele multiplicar el impulso inflacionario, agravado con la puja política exacerbada en el seno de la coalición de gobierno.

Para peor, el gasto público nacional acelera su tasa de crecimiento, y pone en riesgo el cumplimiento de las metas con el FMI, las cuales ya eran muy exigentes.

Además, las necesidades financieras del fisco resultarán superiores a las previstas, cuando la mayoría del endeudamiento del Estado nacional está indexado. Hasta la meta de emisión y del ritmo de acumulación de reservas internacionales, para fines de junio próximo, parecen de improbable cumplimiento.

Economía necesitará aumentar la deuda bruta, esto es un saldo positivo considerable, en cada colocación de bonos para no hacer peligrar otra de las metas con el FMI. Esto significa que, además de renovar la totalidad de obligaciones de cada mes, requerirá un 30% más de forma neta, para evitar ser asistido por el BCRA. Y así cubrir el déficit fiscal de forma compatible con el techo de financiamiento del Central al Tesoro de 1% del PBI.

La inflación no va a bajar con la actual dinámica fiscal. Encima, las necesidades financieras del fisco resultarán superiores a las previstas, cuando la mayoría del endeudamiento del Estado nacional está indexado y crecen las dudas respecto del acuerdo FMI. Hasta la próxima meta de emisión acumulada y del ritmo de acumulación de reservas internacionales, para fines de junio 2022, negociadas con FMI, parecen de improbable cumplimiento. El programa concertado está en dificultades apenas firmado. Claramente, la debilidad de la capacidad de contratar del gobierno torna inciertos a todas las actividades en el país.

Las expectativas agudizadas y los controles burocráticos retraen la demanda de dinero, anticipando alzas de precios y dificultades de conseguir los bienes demandados. Las metas establecidas con FMI hacen crítico su cumplimiento. De recrudecer la inflación, caería la confianza en el acuerdo y afectaría las perspectivas futuras.

Los procesos hiperinflacionarios responden a la sustitución de la moneda nacional por demanda de monedas extranjeras, como consecuencia del deterioro de la confianza, asociado a desequilibrios macroeconómicos.

El fortalecimiento de la confianza en la disciplina macroeconómica es la vía para evitar conflictos cambiarios y alta inflación. El aumento del riesgo país podría desalentar la compra de Leliq y bonos públicos, expandiendo la circulación de pesos.

Fuente: Infobae

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