El actual choque entre poderes es una encrucijada que sólo puede resolver la política

POLÍTICA Por Gabriel Morini*
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No es posible analizar el conflicto inter poderes desatado en la Argentina con alto impacto institucional sin ampliar el angular hacia la panorámica que ofrecen algunos hechos que sirven de antecedente y los movimientos de las placas tectónicas del poder que han derivado en un choque que, visto en esa perspectiva, no solo era previsible, sino inevitable. El pedido de juicio político a todos los integrantes de la Corte Suprema en el que se embarcó buena parte del oficialismo será dirimente para los próximos meses, en un año electoral. No sólo se trata de una reacción coyuntural ante un fallo determinado –como el de la coparticipación porteña o el Consejo de la Magistratura- sino que es considerada una batalla final, una “bala de plata” hacia la que intentarán dirigir todos sus esfuerzos: una pulseada de poder ante lo que denominan “el gobierno de los jueces”. Esta guerra entre los poderes del Estado –de altísimo costo- busca subsanar, probablemente, el déficit que la generó: la política descuidó espacios, abandonó consensos, delegó funciones y transfirió responsabilidades en busca de un “árbitro” que le diera la razón. Ante el bloqueo de todos los canales de negociación entre oficialistas y opositores, el espacio vacío se llenó. Esto ofrece la primera conclusión de este enfrentamiento que no está atado a resultados: si la política no encuentra una solución –ante este diagnóstico terminal- cualquier gobierno quedará condicionado y subordinado al poder de los tribunales.

Bajo este cariz, lo más sencillo es observar al kirchnerismo liderando esta avanzada en la superficie. Aunque el pedido de juicio político no fue una estrategia acordada entre Cristina de Kirchner y Alberto Fernández, desde ese polo de poder ubican el primer mojón de la invasión de la Corte en el fallo que declaró inconstitucional el formato del Consejo de la Magistratura que estaba vigente desde 2006, pero por sobre todas las cosas, en el desembarco de Horacio Rosatti en la presidencia el órgano de selección y remoción de jueces. El resto del año lo consideró plagado de provocaciones (la validación de expedientes penales de los principales dirigentes K, la ausencia de ratificación del denominado Lawfare, y hasta el bloqueo en la designación de los senadores para ocupar una banca en el Consejo) que culminaron en la cautelar de la coparticipación a favor de CABA. Pero si bien esta embestida tiene un copyright explícito, el timming y el sentido que la guía se asientan en la creencia de que existe una confluencia de motivaciones, una coincidencia de objetivos que se han alineado para que la estocada sea oportuna. Una suerte de “ahora o nunca” que parte de otro razonamiento que actúa en espejo: desde el otro polo de poder que encarna Mauricio Macri también piensan que esta Corte Suprema es una amenaza para su proyecto político.

A sus íntimos, y ya lejos del Gobierno, Macri se ha cansado de repetir, en privado, que cree que la actual conformación del máximo Tribunal fue responsable del fracaso de su administración. No solo le cuelga las facturas del fallo en contra por las tarifas o de la disminución del IVA a productos en un intento de mejorar su performance electoral. La culpa de haber boicoteado cualquier intento de reforma. A parte del empresariado con el que mantiene contactos les advirtió que con esa mayoría jamás van a prosperar cambios regulatorios de mayor flexibilidad en material laboral, previsional o sindical. Al contrario de la dialéctica habitual del peronismo que sindica a esta Corte como macrista, en la otra vereda observan precedentes “peligrosos” en varios fallos ocurridos entre 2016 y 2019. No solo la bautizó con el mordaz “mayoría peronista”, sino que dejó escrito en su libro de memorias que consideraba a Horacio Rosatti su peor error en materia judicial. El mismo enemigo del kirchnerismo pero por otros motivos. Juntos por el Cambio salió a rechazar el intento de juicio político y la avanzada contra la Corte en sendos comunicados y lanzó a algunas de sus espadas a combatir mediáticamente la idea. El expresidente se mantuvo silente hasta ayer, cuando publicó una pequeña alusión por Twitter a los episodios registrados en Brasil al hacer alusión de “mecanismos políticos antidemocráticos igual de brutales” aplicados a la Corte en Argentina. En el fondo, Macri desearía que el kirchnerismo tuviera éxito y poder así plantear un nuevo reparto de poder para el máximo Tribunal. Por las dudas, y sottovoce hicieron circular nombres para un eventual recambio.

El oficialismo no solo entra al año electoral para definir su propuesta en base a un adversario (un clásico desde la 125), sino que guarda expectativas en el proceso de juicio político en comisión, único escenario viable donde lo favorece la mayoría, número suficiente para buscar percutir a través del llamado de testigos y desplegar una estrategia de desgaste. Horadar y apostar por una deslegitimación social. Una vez echado a rodar, no importarán los motivos por los que persigue el enjuiciamiento, sino ir a la pesca de votos que, al menos en Diputados, les permita avanzar un casillero. Para eso, la narrativa a construir quedó plasmada en una simple palabra: “mafia” como antítesis de democracia. En la política de hoy, conceptos como la división de poderes y el republicanismo son los padres.

El enemigo común y la intifada son un factor de cohesión interna; la insurrección ante los poderes fácticos que habrían elegido a la Corte como garante de desigualdades, ayuda a construir un relato. Pero la palabra mafia también remite –de forma elegida o no- a los leitmotiv que animaba el macrismo cada vez que debía crear un enemigo social. Y por sobre todas las cosas, abreva en la memoria emotiva de la carrera política de Elisa Carrió, quien siempre buscó ser identificada como una cruzada contra las mafias perfectamente seleccionadas. La líder de la Coalición Cívica se cansó de denunciar y pedir la destitución del juez Ricardo Lorenzetti, a quien ha identificado con las peores prácticas. Macri tampoco lo tiene en estima y para Cristina fue el artífice de todas las desgracias judiciales que arreciaron en su contra aunque, a pesar de eso, el rafaelino encuentra oídos en la administración de Fernández. ¿Cómo votarán los “lilitos” si también Lorenzetti es puesto en la palestra? Es un misterio que para el kirchnerismo termina siendo oportuno exhibir. Un detalle. La presidenta de la comisión es la entrerriana Carolina Gaillard. El no acompañamiento del gobernador de Entre Ríos Gustavo Bordet (junto a un buen número de mandatarios que por diversos motivos eligieron no participar de la firma del pedido de juicio político) no es un condicionante. Alberto Fernández fue el que propuso su inclusión en la lista de candidatos. Fue su profesor.

La Corte jugó fuerte a la política. Ocupó todos los espacios de poder que pudo y supo leer el mapa que los poderes representativos y sus desavenencias dejaron vacante para capturar posiciones y mostrar que desde la cúspide del Poder Judicial se podía gestionar. Su objetivo fue construir fortaleza con fallos para el interior del Poder Judicial pero terminó tensando la cuerda en su rol de “rector” del poder político. El foco de la nueva mayoría no estuvo como en otras épocas en el padrinazgo de Comodoro Py sino en fortalecerse en un escenario donde el Congreso y el Ejecutivo extraviaron la brújula. La descripción solo ilumina lo inevitable del actual conflicto, cuyas señales fueron inadvertidas pero funcionaron como una olla a presión.

¿Pudo haber descomprimido dejando pasar la jura del senador Martín Doñate con el resto de los consejeros? Es contrafáctico. ¿Pudo haber dejado languidecer la cautelar de Rodríguez Larreta otros dos años más? Hay expedientes en Corte que tocan “cajas” que tienen más de una década. La delicada cornisa por la que atraviesa la institucionalidad podría transformarse en un paisaje común de este 2023. El principal temor de ese diagnóstico es que todo sea golpe por golpe.

Es evidente que el resultado de esta pulseada debe encontrar un cauce en la política porque tendrá incidencia en las próximas administraciones. Cuando las placas tectónicas se reacomodan todo tiembla en la superficie. Con el poder pasa lo mismo.

* Para www.ambito.com

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